Black, por LLiure

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La noche no acaba en su cuarto, miro la luna desprendida de su pasado con luz nueva, ilumina su cuerpo medio vacío de esperanza, suena la música y sus pasos…uno detrás de otro…intentando domar el polvo que hierve en su sangre. Le gusta recorrer las esquinas del rectángulo, una por una, le gusta el tacto del yeso lamiendo sus dedos, le recuerda a esas tizas que merendaba de pequeño frente al espejo, sigo descubriendo su anatomía indecisa, nada parece importarle ahora, ni siquiera me encuentra entre sus visiones perdidas, él hace tiempo que dejó de buscarme…

Las horas muertas como mareas vivas, despejan el horizonte del porvenir, ha empezado a llover silencio sobre nuestras cabezas, el vinilo sigue girando, una vuelta más y me largo…nada en los bolsillos, el último recuerdo lo he dejado tirado en el lavabo junto a sus ojos inquietos. Finalmente incorporo lo que me queda de vida e intento deshacerme del calor que invade la cama quieta de placer, él de pronto fija sus pupilas en mi espalda, sí me marcho…oigo su risa ahogada en la propia ira, decide regalarme su voz…en realidad, black, no puedes irte jamás, no puedes porque ni siquiera llegaste, perteneces a mis pasos tanto como yo pertenezco a tu amor, los dos huimos del encuentro, sigo pensando en tu cuerpo como un refugio aunque tu alma emule al enemigo…sin más, debí hacerte caso… vas a morir de profundidad como yo moriré de olvido… cuando las estrategias sutiles se han desgastado, la ironía se erige protagonista de nuestros espacios…no te culpo, yo también solía ponerme filosófica después de un buen polvo… nada que decir a un sueño roto, nada que reprocharle.

Mis manos rozan el pomo gélido de la puerta que abre un abismo y cierra una oportunidad, ahora él está quieto desafiando al vacío con su cuerpo tenso, sangra vida y recuerdo por su rostro, suena la aguja rayando el chirrido de la puerta al abrirse, vacilo un segundo y en el siguiente siento un suspiro en la nuca, su cuerpo arde tras el mío, la aguja y la puerta sorda fundida con la pared, acompañan la música que empieza a desvelar nuestros instintos, las gotas caen entregadas a lo imposible, parece que la quietud desaparece, sus manos recorren mis dudas, cae el último aliento y amanece sobre nuestros cuerpos, el día baña el placer…ahora sí, me marcho.

Muevo los párpados y mi mundo vuelve al instante presente, hace más de un  año de aquella noche y aunque en aquel momento, no supe qué significaban aquellas palabras ni su gesto, hoy lo entendí frente a su tumba.

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