Tiempo de Mutantes, por Alberto Vazquez-Figueroa
Entre chinos, hindúes, coreanos, japoneses, filipinos e indonesios suman tres mil quinientos millones de seres humanos, es decir más de la mitad de los habitantes del planeta. Hace unos meses un grupo de empresarios coreanos intento comprar casi la mitad de la isla de Madagascar con el fin de convertirlo en campos de cultivo aunque la operación falló en debido a que los militares dieron un golpe de estado contra el gobierno que había aprobado la venta.
Según éste estudio de la Agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura, los países asiáticos, los emiratos árabes, ciertas empresas transnacionales y algunos fondos de inversión se están dedicando a adquirir inmensas extensiones de terreno en África y Sudamérica con el fin de dedicarlos a la agricultura.
Si con la disculpa de proporcionar alimentos a los países en vías de desarrollo se despoja de sus tierras a los países pobres, nos encontramos con el eterno problema de explotación que ha marcado la historia de la humanidad desde el comienzo de los tiempos.
La búsqueda de terrenos aprovechables se esta convirtiendo en uno de los negocios del futuro. Hasta no hace mucho el primer objetivo de los grandes inversionistas se centraba en el petróleo pero la tendencia está cambiando a la vista de que cada día aparecen nuevos yacimientos en lugares muy diferentes lo cual impide el monopolio y reduce de forma drástica las ganancias. “La Organización de Países Exportadores de Petróleo” tan solo controla ya el treinta por ciento de la producción mundial y millones de seres humanos no consumen ni una gota de petróleo al día, pero todos necesitan comer.
Ahora el dinero va en busca del hambre; a más hambre, mas dinero razón por la que se están invirtiendo miles de millones en la producción de alimentos transgénicos que son organismos genéticamente modificados; seres vivos como las plantas de arroz, soya, maíz o patata a los que se han introducido genes de un animal, planta o bacteria con una técnica tan poco fiable como es la ingeniería genética. Esta modificación causa efectos no deseados en los cultivos, el medio ambiente e incluso la salud de los consumidores porque no se ha conseguido demostrar que esos alimentos manipulados sean seguros ya que la ingeniería genética provoca efectos colaterales y las actuales evaluaciones de riesgo son inadecuadas para predecir cualquier impacto negativo en la salud.
Esos alimentos manipulados, sobre todo el arroz y el maíz, resultan infinitamente más rentables que los naturales pero la mayoría de los gobiernos impiden que se cultiven e incluso que se comercialices por lo que algunas empresas pretenden producirlos de forma masiva en lugares en los que no les pongan ningún tipo de trabas.
Greempeace ha pedido en repetidas ocasiones que se deje de plantar arroz manipulado por la empresa Bayer visto que la biotecnología es incapaz de controlar la contaminación transgénica o la fuga de semillas. Sin embargo en el sur de Asia existen en estos momentos cien millones de hambrientos más que hace dos años por lo que mil cuatrocientos millones de desesperados parecen dispuestos a comerse cualquier cosa aunque acabe envenenándoles.
De todo ello se deduce que existen personas decididas a matar lentamente a mil cuatrocientos millones de otras personas a base de apoderarse de tierras vírgenes con el fin de proporcionarles alimentos inadecuados.
El que muere de hambre, muere de hambre; el que muere a causa de haber ingerido alimentos genéticamente manipulados dejará esa herencia genética manipulada a las generaciones futuras.
¿Acaso ha llegado ya el tiempo de los mutantes?
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Esta entrada fue publicada el junio 9, 2009 a las 4:26 pm y archivada bajo Lucha Social, Noches prohibidas del paraiso. con etiquetas Alberto Vazquez-Figueroa, alimentación, alimentos transgenicos, crisis alimentaria, opiniones, Reflexxions. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0 Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.
junio 11, 2009 a 10:37 pm
¡Que fuerte! Esto hay que menearlo.