Un hombre y este texto, por Jonathan Minila

Un hombre se sienta en un lugar cualquiera, desdobla esta hoja y lee estas mismas palabras. Al instante se sorprende al darse cuenta que, en efecto, acaba de sentarse, ha desdoblado esta página, y está leyendo estas letras que lo repiten. Le parece simpático; nada fuera de lo normal. Sólo un texto ocurrente, de un escritor cualquiera. Sonríe, con burla. Mas al darse cuenta que efectivamente ha reído como dice la frase anterior, se confunde y frunce el ceño. Detiene la lectura precisamente aquí, y con el riesgo de quedarse en un “loop” eterno, (volviendo al principio del texto, sin fin), comienza a leer de nuevo este cuento desde la primera palabra. Vuelve una y otra vez, como lo temíamos, al inicio del texto; hasta que, por fin, creyendo que se ha roto el encanto, (ya que no se ha sentado en ese lugar cualquiera, ni ha desdoblado esta hoja, tantas veces como ha comenzado a leer), continúa con lo siguiente hasta darse cuenta que ha venido haciendo precisamente lo que está escrito aquí. Surge en él por primera vez el inquieto deseo de romper esta hoja y olvidarse de todo. No obstante desiste, y ríe una vez más pensando en que este texto ha sido sólo una casualidad inexplicable. Se pone nervioso, de nuevo (más que antes), al encontrar una vez más sus reacciones y pensamientos perfectamente detallados en esta hoja. No, piensa, debe ser una tontería. Mira por un momento el paisaje que lo rodea y se pregunta: ¿cómo aquel que escribió esto pudo prever mis reacciones con tanta precisión? Imposible, ni siquiera sabe que existo. Continúa la lectura donde se había detenido, y las manos le comienzan a sudar. Por segunda vez siente deseos de arrugar la hoja y lanzarla lejos. Se engaña. ¿Qué caso tiene leer un cuento tan malo? Historias así, paradójicas, hay muchas, y malas casi todas. Nada original. Además ¿qué es lo que cuentan en realidad estas letras? Nada en absoluto. El hombre comienza a divagar con la hoja en la mano, y le llegan pensamientos, preguntas. ¿Será posible que esta hoja en realidad hable de él? ¿Será posible que de alguna manera esta hoja refleje un momento de su vida, es decir el que está viviendo ahora? De ser así, ¿no estará detrás de esta simple página toda la historia de su vida? Entonces, sí que cuentan algo estás palabras. Detrás de un punto está todo lo que ha llevado a su existencia. Con miedo y curiosidad el hombre continúa leyendo, y confirma al encontrar de nuevo sus pensamientos plasmados que el texto sin duda habla de él. De alguna manera, quién sabe cómo, el que escribió estas palabras pensó exactamente lo mismo, o supo cómo reaccionaría él (¡él!) al leerlo. Quizá nada extraño, o algo fácil de suponer. El hombre intenta reírse de nuevo, con menos convicción, y se distrae por un segundo con un niño que se acerca pateando una pelota. Por un momento se convence así mismo que la casualidad ha terminado. Las reacciones al texto pueden ser previsibles, sí, pero no aquellas que el azar o la casualidad entregan. El que haya escrito esto no podría saber, por ejemplo, que un niño se acercaría, o que un perro ladraría, o que una mosca se pararía sobre su brazo izquierdo. Por eso cuando el niño se aleja de nuevo, el hombre piensa en lo tonto que debe parecer ahí sentado, con el rostro marchito, creyendo que las palabras son más que palabras. Alguna vez había escuchado que pueden crear mundos, pero no es así. Sólo a un tonto como él se le podría ocurrir la posibilidad de algo semejante. Metáforas simplemente. Nada real. Es imposible que las palabras de esta hoja se acerquen tanto a él. Por eso comienza a leer de nuevo, más tranquilo, y se queda con el rostro desencajado al ver escrito aquí que un niño se acerca pateando una pelota (exacto como pasó), e igual que todo lo que razonó después. Tal vez esta hoja sea mágica, o estas palabras lo están creando a él, o todo esto sea sólo producto de una casualidad terrible. Sea cual sea la razón, todo nace sin excepción precisamente como lo vive, o como lo piensa. Es entonces que el miedo se vuelve insoportable. No quiere seguir leyendo, pero el vértigo se lo impide y continúa pese a todo. Al fin y al cabo, ¿a qué puede temerle? No le hace ningún daño verse escrito ahí. Lo más que puede suceder es que pierda el tiempo leyendo su vida y sus pensamientos. Sería lo mismo sentarse frente a un espejo, y hablar en voz alta. Continúa. Con una mirada rápida busca el final de este texto y se da cuenta que sí, efectivamente, tiene fin. Se consuela un poco. Si concluye debe ser porque es sólo un escrito común y corriente. La curiosidad de saltar al final y terminar de una vez con todo lo paraliza por un momento. Logra contenerse. O es más bien el miedo que de pronto lo ha invadido y le impide cometer tan grave error. Si el texto viene descifrando cada instante de su vida desde que desdobló esta hoja, ¿qué significa que tenga un final? ¿Puede repercutir en él, de alguna forma, la conclusión de este texto? Posiblemente su vida termine a la par. Quizá así sea la muerte. Llega en un mensaje como éste; en una hoja igual. El terror invade su cuerpo frágil, vulnerable. No puede evitar temblar y escuchar el ruido de esta hoja en sus manos, victima de sí mismo. Continúa leyendo todo y nada. Este texto habla de él. Pero ¿qué significa? ¿Su muerte está cerca? Quizá no, quizá sólo es el primero en darse cuenta que en realidad este mundo es el producto “ficcional” de una mente desquiciada. ¡Qué estupidez! Es negarse, negar la realidad, a Dios. El hombre continúa leyendo, con terror. El final de la hoja se acerca. Lee sin notar el sentido de las frases. Deja de sorprenderse al encontrar su vida plasmada aquí, como si hubieran enfrentado dos espejos que lo contuvieran. Ahora lo que ocupa su mente es el final del texto. Aquel que comienza a acercarse a cada letra. La palabra más temida y amada de los escritores: Fin. ¿Qué significaría para él? Le da terror de saber. La muerte es su mayor miedo. El final puede ser cualquier cosa, y toma una decisión. Temblando dobla de nuevo esta hoja y por un momento desea que jamás hubiera existido; ninguna de estas letras. ¿Con qué derecho han venido a hacerlo sufrir? No, definitivamente este texto no vale la pena. No cuenta nada, o quizá lo cuenta todo. Detrás de él está toda la vida, así como se presenta en momentos, fluyendo aquí como en cualquier otra parte. Sin embargo es una porquería. El hombre arruga la hoja y la lanza al suelo. La pisa, la odia, y la escupe. La deja ahí para que alguien la encuentre y sufra lo mismo que él. Se levanta, se ajusta el saco, y se aleja. El fin se acerca más y más sin que nadie lo note, e irremediablemente llega como pasa siempre que ya no hay nada que contar.

Cuento publicado en el libro Palabras Malditas – Antología de cuentos Editorial Efímera.
por JONATHAN MINILA ALCARAZ
http://jminila.blogspot.com/

  1. qué nombre tiene esa herramienta literaria?
    Jonathan. Sin duda un cuento absolutamente impresionante, con un ritmo de narración acelerado, un crescendo de sensaciones que van naciendo con cada palabra leida.
    mágico, mágico, mágico. creo que no encuentro otra palabra para describir lo que es este cuento y es que ha tenido un magnetismo impresionante con el lector.
    me sentí victima de esta historia, me sentí parte de la historia de alguna extraña manera y creo que en literatura eso es algo digno de admirar, algo de genios.

    y no sólo es un texto con buena forma si no también con contenido ya que la historia que narras en sí. es muy buena. una idea muy original.
    y a modo de reflexión cito tus palabras: “… Posiblemente su vida termine a la par. Quizá así sea la muerte. Llega en un mensaje como éste; en una hoja igual…”

    Saludos!

  2. wow wow wow
    qué gran cuento este… qué escritor… tantos espacios rotos con estas palabras…
    Jonathan Minila… qué decirte, en absoluto impresionante.

  3. Impresionante!!!
    Muy bueno!!! Estoy totalmente de acuerdo con lo escrito por Camaché, lo único que añado es que si fuera cineasta me parece que es una idea brutal para un buen cortometraje.
    Un abrazo John desde Madrid

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