Diablo de fresas

Desde el principio, hasta el momento, una larga improvisación de dos grandes enamorados de la sinrazón... Apalancados en nuestros impulsos, sabemos que no existe otro camino para los de nuestra estirpe, dejarnos llevar, y que nos lleven a un buen ritmo, sin acelerones, sin frenadas, subiendo la velocidad de nuestros latidos, a cada mirada, en cada gesto compartido, creando nuevas complicidades, por las calles de sal y arena, pasamos desapercibidos para aquella farsa de la ley de la gravedad. Surcamos con nuestros vivos…