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Relatos

Los relatos de las noches prohibidas del paraiso.

El Kafkiano II

Para aquellos interesados en los chancros de Flaubert, en las historias sin final aparente o irreverente o mordaz o puto, en las distintas formas de morir, de asesinar, de suicidarse, en los cojones enciclopédicos y en la literatura de los cretinos, en la noche, en el prisma del otro ojo y en la imaginación, si fuera posible, para aquéllos y otros, El Kafkiano (II) vuelve a finales de Julio. http://blogkafkiano.blogspot.com/

Tierra, por Jordi M. Novas

Dios, en serio, cómo me molesta el puto sol en la cara. Cómo me gustaría haber nacido perro domestico, o planta o vaca. Qué pereza me da ir a dormir y luego qué pereza me da levantarme. Qué asco me da poner la tele, y qué asco me da apagarla y el silencio. Qué duro resulta hacer el papel cada día para todo el mundo. Qué fría y del montón resultas una vez ya te he conocido. Qué coñazo es que las cosas sean misteriosas y fascinantes hasta que te ves envuelto en ellas. Qué tontería es salir a dar una vuelta en coche si no vives…

Terror, por Jordi M. Novas

Yo pensaba que sólo iba a ser cuestión de una noche; yo ya rondo los cuarenta, y ella apenas tiene veinte. Pensaba que iba a ser una sesión de sexo anal. Y me parecía bien. El denominador común de las chicas con las que me he acostado es la frase: <<por ahí no>>. Y sin embargo esta, Natalia, sólo quería por ahí; nada de sexo vaginal; nada de follar como todo el mundo. Sólo eso, un agujero dilatado y húmedo. Después acomodó su cuerpo encima de mi, y me miraba a los ojos; después del sexo; una chica voluptuosa de…

Tabú, por Jordi M. Novas

Verónica tenía el pelo de color negro. Un negro intenso; como ese negro que en otras no es más que potingue. Sus ojos eran también oscuros; esos ojos en los que no ves la pupila porque todo se reduce a dos redondeles brillantes y profundos. Cuando era pequeñita, cuando tenía algo así como cuatro o cinco, o siete años, da igual, siempre era la niña mona de la clase; con su aspecto de muñequita de nariz pequeña y sonrisa malévola. A los once o doce, o trece años, era la alumna aplicada; la chica que no levantaba la cabeza de…

Kafka, por VV.AA.

Julio conoció a un grupo de amigos, Antonio, José Antonio y José Luis, que, para llenar las muchas horas del verano, se habían propuesto adaptar “La metamorfosis”, de Kafka, al teatro. Tuvo la oportunidad de asistir a las primeras reuniones. Enseguida surgió la cuestión clave que los tendría ocupados el resto de las sesiones: mostrar o no, en el escenario, el insecto en que se convierte, como es sabido, Gregor Samsa. El grupo se dividió en dos facciones: los partidarios de diseñar un bonito escarabajo de color anaranjado y…

Manzana Smith, por Jordi M. Novas

Fotografía por Z-nub Se han acabado los escrúpulos. Mabel arrastra el cuerpo muerto de José hasta la cocina. Coge un cuchillo y comienza a cortar. Hay mucho por donde cortar .Con la salsa adecuada, pasará por una suculenta cena. Lo mas divertido, es que de postre habrá manzanas; la señora de la casa las ama. ------------------------------------------------------------------------------------------ - Toma una manzana, cariño. – le dijo Juliana a su hija Mabel, sentadas las dos, un día, bajo un árbol. Mabel protestó; - No, se…

Reflejos sin azogue, por El espía

“De los cinco sentidos que dicen que disponemos, el que Iris valoraba por encima de los demás y sin ningún género de dudas era el de la vista, no podía concebir la idea de la vida sin esos maravillosos instrumentos de precisión que han determinado en llamar ojos, podía imaginar y aceptarse sorda, muda, manca o hasta parapléjica de por vida en una silla de ruedas, pero nunca incapacitada de esos dos mágicos órganos de su cuerpo. Su propio nombre ya era para ella una especie de suerte predestinada. Por otra parte, ya se…

El circo de los sueños y alienados, por Faustino Yañez

El barco mas grande que jamás había visto zarpó del puerto a la hora convenida con los turistas mas altos y fantásticos que nunca se había imaginado, la impresión de aquel suceso en su pequeño pueblo, tan sencillo y tan pobre marco la vida de Gabo; a partir de entonces solo quiso salir de allí y recorrer el mundo, se veía subiendo a un barco gigantesco con ropas elegantes y sonrisas de adiós y de "nunca los olvidare", con su estatura gigantesca, cabellos rubios y sus ojos azules y diáfanos, conocer gente de otros mundos y…

Sto Rocov Samoty, por Xurde Capargatos

Ahora que ya he muerto me siento mejor. Nunca lo hubiera imaginado de esta forma. ¡Es tan parecido, tan igual! Sigo con mis viejas costumbres: escribo, duermo más de doce horas, sigo leyendo bastante. Me comunico. Hablo con los vivos y los vivos hablan conmigo; ¡los vivos me creen vivo!, ¡son tan estúpidos! En la biblioteca de los muertos cojo todos los días un libro y, el que vigila –tal vez esté vivo– me mira como si robase una reliquia. Algo en sus ojos hace que piense en las melancólicas noches de mi juventud –hace casi…

Visperas

La muerte sorprendió a mi madre el primer lunes de agosto, exactamente a las catorce horas treinta y tres minutos. Estaba sentada en el living, mirando un programa de televisión. Tenía una revista de costura abierta sobre la falda, y en los cortos comerciales pasaba las hojas buscando algún modelo para coserle una blusa a Laura. A metros de mi madre y en su habitación, se hallaba mi padre durmiendo la siesta. Desde su jubilación, mi padre mantenía una rutina estricta, resabio de cincuenta años de obrero en una fábrica. La…